en estaciones de arena,
deseos desorientados resbalan
por los cristales de la oficina,
deseos obscenos reclaman
la atención del contribuyente
más anónimo,
deseos programados mantienen
a ralla el grueso de la población.
Mientras los peces gordos manejan todos los hilos:
los de nailon y los sintéticos.
Aunque el mundo siempre a sido un decorado,
una puesta en escena,
una pelota que gira,
un trozo de roca,
un paraíso desmaquillado
por los más idiotas deseos.
Dani T. D. 26/2/2026
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