Las tardes de domingo acostumbran a ser idiotas. En el fondo, casi todo es idiota en esta vida por suerte, sino vivir sería insoportable. Pero eso es otra historia. El caso es que cada vez que mi ser aterriza en la tarde de un nuevo domingo, me vuelvo un poco loco al quererme escapar de mi propio destino, y del mundo. Una angustia sutil se me introduce en mi cuerpo como quien no quiere la cosa. Entonces no sé qué hacer, si lanzarme por la ventana (qué cara pondrían los vecinos), si salir a correr, si entrar al primer bar, si leer, hacer otra lavadora, quedar con ella, ir al cine, masturbarme, si escuchar a Bob Dylan o sencillamente coger aire, retenerlo y dejarlo ir. Así, durante diez veces. Eso, más o menos, es meditar que también tiene su tela.
En fin...
Y todo porque el lunes ya se acerca lentamente. Como un tigre de véngala, o un elefante con reuma. Y uno volverá de nuevo a ingresar en la rutina más gris. En mi caso, viviré nueve horas entre las paredes de una oficina. De lunes a viernes.
Y no lo entiendo.
El trabajo dicen que dignifica. Pero es que yo estoy más que aburrido de tanto dignificarme. Aunque claro, si trabajo gano algo de dinero, que siempre está bien. Eso me permite pagar los gastos, la comida, el alquiler, ropa, algún que otro libro, las cerveza, algún canutillo que otro, caprichos en fin...
No me puedo quejar, y no me quejo. O trato de no quejarme...
Pero es que si uno lo piensa, llega a la conclusión que este sistema de vida es una frustración constante.
Aunque lo más probable es que la realidad más inmediata sea puro espejismo, y en en el fondo la verdadera vida este en las biografías paralelas que uno va imaginando para que la rutina más absurda no acabe por aplastarle a uno. Porque a la hora de la verdad no sabemos nada de nada. Somos producto del caos más evidente sin duda, aunque la IA se empeñe en confirmar lo contrario. El universo no es la secuencia infinita de una ecuación, ni tampoco la creación de algún Dios aburrido y algo perverso. El universo es ese espacio mágico y misterioso que nos va reinventando latido a latido. De la nada a la nada. Y tiro porque me toca.
Y en el fondo, todos somos el mismo, aunque nadie es igual.
En fin...
Dani T. D. 3/5/2026