Era una mañana de miércoles con nubes. El otoño ya asomaba la cabeza con su abrigo y sombrero marrón algo desgastado.
Eran las siete y media de la mañana. Un servidor iba de copiloto en el coche de mi amiga Marga camino de un congreso de escritores, pues los dos éramos, y todavía somos, escritores. Escritores apasionados y discretos que han logrado comer de su oficio, pero que viven al margen de toda vida literaria. En el fondo aquel congreso en el fondo nos importaba a los dos un quilo de pimientos, pero nuestros respectivos editores se habían puesto muy pesados, hasta tal punto de amenazarnos con restringir nuestros respectivos contratos.
Pero eso no importa demasiado, o nada.
El caso es que nos salimos con la nuestra y no pisamos aquel coñazo de congreso.
Al parecer. según lo que he construido del recuerdo del accidente, todo pasó en una rotonda, en un abrir y cerrar de ojos. cuando estábamos a punto de salir de ella, al parecer una camioneta salió de la nada y se lanzó contra nuestro vehículo.
Y a partir de ahí nada.
Pasaron cinco minuto, o unas horas cuando me vi a mi mismo desde el techo de un quirófano. Se ve que me estaban operando, los riñones, el hígado y el corazón en muy mal estado. Vaya hostia! pensé. Ahí caí, como puedes pensar si estas prácticamente muerto. Otra vez la pantalla, o lo que sea, se volvió a poner negra.
2. UNA POTENTE luz blanca me despertó. Me vi sentado en una terraza. Frente tenia un mar de un azul claro y transparente. Curiosamente me sentí de maravilla, como nunca antes me había sentido. De repente cogí un baso de wiski con hielo, esta riquísimo. Entonces escuché una voz familiar. Era la de mi abuela Francisquita que me decía bebe lo que quieras, total ya estas muerto. De momento, claro. Pero la cosa pinta mal.
Al oír su voz, me eché a llorar. Entonces abracé y besé a mi abuela. Le dije que siempre pensaba en ella y ella me dijo que lo sabia. Le pregunte por su hijo, o sea mi padre. Él está bien. Te verá luego. Ha ido a tocar la guitarra para acompañar a George Brassens que sigue escribiendo canciones tan gamberras y bonitas como siempre.
-Abuela, esto que es, el cielo?
-Si te digo la verdad, no lo sé. A veces creo que si, pero al final no creo. Esto me parece que un paso hacia otra cosa.
-¿Otra vida?
-Quizás, no estoy segura. De, momento aquí no se está mal, al menos al no tener un cuerpo que alimentar ni que cuidar -hizo una paso y sacó de no se donde, una jarra de cerveza y tras hacer un sorbo -Si, te digo la verdad Jaume, estoy un tanto decepcionada. Verás una vez muerto me sentí muy bien como creo que te sientes tu ahora. Pero después al verme con la misma identidad, y al reencontrame con mis padres, mis primos, mis hermanos y el hijo de puta, de tu abuelo, me dije ¡¡que mierda de vida y de muerte joder!!! Pero después empecé a ir a la mía y a conocer a Dostoievski, a Bukowski y al mismo Sócrates y oye que gente maja. Algo borrachines como una servidora. Pero oye, hay que morir chaval que son dos día.
-Así que existe otra vida abuela?
-Me temo que si Jaume. Aunque a ratos es una mierda, como vida. Sin ir más lejos el otra día conocí a Albert Camu.
-Hostias, no me jodas!
-Sí, me lo presentó el mismo Fiódor. Por cierto, aquí sigue teniendo ataques epilépticos, Pero yo creo que los finge para que la gente de alrededor se asuste un poco. Los que le conocemos cada vez que Fió (le digo así porque nos hemos cogido mucho afecto) finge uno de esos ataques, nos partimos de risa. No nos partimos porque entre otras cosas, estamos mueros, claro.
Pero a lo que iba, conocí Albert Camus, y sigue tan guapo como siempre. El caso, es que nos tiramos un buen ratos conversando de si esto, de si aquello. Que el existencialismo es un modo de vivir que nunca pasa de moda, que si que ojazos tienes Albert, y tu que pelo Francis. Y al fina ya sebes, una cosa llegó a la otra. Y al final...
-Al final que Abuela...
-Pues que el sexo después de muerta es una mierda, como no tenemos cuerpo, todo son imagines sin materia. Vaya puta mierda! Aunque cuando estaba viva, el cabrón de tu abuelo me jodió a base de hostias. Pero bueno, eso es vida pasada. Al menos, ahora tengo amigos, toda la cerveza que quiera y la risa que no falte.
-¿Así que después de la vida qué?
Mi abuela volvió a dar un buen trago de cerveza. Y luego se me quedó mirando fijamente a los ojo.
-Si te dijo la verdad, es otra tomadura de pelo. Por una parte estay encatada de estar aquí, en este sitio pero...Mira tu padre, por ahí viene con George, Krahe y Pepe Rubianes. Vienen partiéndose la caja
-Me giré para ver a mi padre. Nos nos vimos desde lejos, me sonrió y me grito lo siguiente: Jaime no tengas prisa por venir, que esto tampoco es para tirar cohetes. Es como te ha dicho tu abuela, otro coñazo. Pero en fin. Dale recuerdo a mamá y tus hermano.
Cuando al fin tuve cerca a mi padre, me desperté en una sala de hospital entre lágrimas, había visto a mi padre y mi abuela, dos personas imprescindibles en mi vida. Entonces decidí dar un giro en mi vida, y dedicarme a traficar con drogas de diseño, pero sin llamar demasiado la atención, ya me entendéis. Total ser escritor es una verdadera idiotez. La droga si que da dinero, y no la literatura. Sin ir más lejos, con la pasta que me sobra finanzo toda clase de negocios, hasta partidos políticos de distintas tendencias ideológicas. Y me parto de risa cada vez que se tiran los trastos en el congreso.
Desde entonces vivo como Dios. No le temo a nada. Y si mañana las cosa se tuerce, pues mira oye, mala suerte. O al contrario....
Dani T. D. 9/9/2026




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