Quizás los algoritmos pretenden, entre otras cosas, sustituir el papel de Dios. Dios, tanto si existe como si no existe, no deja de ser un concepto que trata de dar cierta explicación y/o sentido a la vida, al universo y a la muerte. Pues el ser humano siempre ha tenido esa sed de conocimiento: ¿Qué hay detrás de todo? ¿Tiene sentido la existencia?
A lo mejor no hay nada. Y la vida no tenga tanto sentido.
Pero la nada ya es algo. Y ese algo. Seguramente sea la prolongación del misterio. O la esencia de la luz.
Del misterio que nos empuja en este viaje que se llama vida.
Como cantaba el tan admirado Aute: el universo no es una ecuación. Aunque los poderes financieros pretendan todo lo contrario.
Y aquí se encuentran de nuevo otra coincidencia, porque tanto el algoritmo como Dios son formas que adopta el poder, para fomentar cierto orden en la sociedad. Y así fomentar ciertas irregularidades por un lado, para que los cuatro de siempre vivan de puta madre.
Pero el algoritmo, como Dios, quizás al ser creaciones del ser humano, por muchas ecuaciones que resuelva, el misterios nunca desaparecerá del todo, pues es el mismo latido del universo y de cada uno de nuestros corazones. Latido también que hace posible la función de razonar libremente cada uno con su cerebro, más allá de los inflexibles y fríos senderos que sugieren los algoritmos.
Dani T. D. 5/5/2026

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