que el hombre inventó.
Un concento para cautivar
a la tribu en su esencia
social e identitaria.
Dios es la excusa de las excusas
para estructurar las claves
principales en el diseño piramidal,
a través de los distintos
peldaños sociales
que, garanticen
la hegemonía
del poder más -o menos-
inconfundible.
Dios no es más
que la máscara que enmascara
el miedo más inmediato,
el que hace posible que el deseo
que estalla en cada latido,
vaya al compás de
cierta sumisión
a unas reglas del juego
escritas según los poderes (de turno)
más sofisticados,
y, en cierto modo, autoritarios.
Danii T. D. 22/6/2026
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