las gastadas palabras del día a dia,
la muerte certera de la rutina,
la oficina sudada de toda absurda espera.
Los dardos despistados de la esperanza,
las manchas amargadas de la ansiedad,
el deseo gastado de los lunes,
el veneno triste de los besos perdidos.
Un silencio que grita heridas pretéritas,
el huérfano insolente del desaliento.
la instantania y divina eternidad fugada entre tus muslos,
la pesadumbre por fasciculos cada
quinze días en el quiosko de la redención.
Los versos decadentes del desmparo,
los buzones vulnerables de estos ojos,
la ingrata sorpresa de un enésimo azar envuelto al bacío.
las ansias de encontrarte al fin
por enésima vez, aquí
y en el ahora mismo, entre las más tiernas dudas y tus eléctricos besos...
Dani T. D., 22/7/2019
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