Preso en este cuerpo disoluto y de barro algo rasgado por el viento, me enfrento un día más (o menos) a la más inmediata realidad. Sigo sin comprender demasiadas cosas, o más bien, prácticamente nada de nada. Pero me desayuno un café con dos de azúcar, trago saliva y me dispongo a empezar el día con humor.
No queda otra.
El mundo está cada vez más jodido.
Las noticias saben a alquitrán, a decepción, a rabia, a muerte. Mi amor se perdió un día en unos grandes almacenes con un mozo amante de las pelis de Torrente. Me dejó sin demasiadas explicaciones ni reproches.
Hace semanas que no encuentro ninguna razón para levantarme del ataúd...
pero qué más da. A quién le importa lo que yo deshaga.
Disimularé y me echaré unas risas con nadie en especial, leeré las miradas de los astronautas compañeros de viaje en el metro intergaláctico que nos conducirá a la próxima estación espacial. Compraré un pollo alas't, me haré espía por cuenta ajena, coleccionaré olas de mar, seduciré a las mentes más divertidas, estudiaré solfeo y solguapo, danzaré al compás de las horas...
Y al fin, sólo viviré días alegres. Si, uno tras otro, y sin demasiadas prisas. Para qué tanta prisa, tanta seriedad y tantas expectativas?
Si al fin de cuentas todo es nada, y nada es todo, o casi todo...
Somos i seremos polvo de estrellas, accidentes de viento, versos náufragos...
A reír, que son dos días.
Dani T. D. 23/3/2026
No hay comentarios:
Publicar un comentario